0 0 0
0 0 0 0 0 0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0

POR QUE DIOS EMPLEA A LOS HOMBRES COMO ENCARGADOS DE DISTRIBUIR SUS RECURSOS

 

POR QUE DIOS EMPLEA A LOS HOMBRES COMO ENCARGADOS DE DISTRIBUIR SUS RECURSOS

Dios no depende de los hombres para promover su causa. Podría convertir a los ángeles en embajadores de su verdad. Habría podido revelar su voluntad por medio de su propia voz cuando proclamo la ley desde el Sinaí. Pero ha elegido emplear a los hombres para que hagan su obra a fin de cultivar en ellos el espíritu de liberalidad.

Cada acto de anegación realizado en bien de otros fortalecerá el espíritu de generosidad en el donante, y lo vinculara más estrechamente con el Redentor del mundo, quien “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor. 8:9). Y la vida puede ser una bendición para nosotros únicamente en la medida en que cumplimos el propósito divino para el cual fuimos creados. Todas las buenas dadivas que Dios hace al hombre constituirán una maldición a menos que este las emplee para hacer felices a sus semejantes y para promover la causa de Dios en el mundo.

Resultado de la búsqueda de ganancias

Este creciente apego por la obtención de dinero, el egoísmo engendrado por el deseo de ganancias, es lo que amortece la espiritualidad de la iglesia  y aleja de ella el favor de Dios. Cuando la cabeza y las manos están ocupadas constantemente en planear y trabajar para acumular riquezas, los derechos de Dios y la humanidad quedan olvidados.

Si Dios nos ha bendecido con prosperidad, esto no quiere decir que debemos apartar de el nuestro tiempo y atención para dirigirlos a las cosas que él nos ha prestado. El dador es más grande que el don. Hemos sido comprados por un precio y por lo tanto no nos pertenecemos a nosotros mismos. ¿Hemos olvidado cual fue el precio infinito pagado por nuestra redención? ¿Ha muerto la gratitud en el corazón? ¿La vida de Cristo no es un reproche para la vida de comodidad egoísta y complacencia?... Estamos cosechando los frutos de este sacrificio de abnegación infinita; y sin embargo, cuando hay que trabajar, cuando se necesita que nuestro dinero ayude a la obra Redentor en la salvación de las almas, nos apartamos de nuestro deber y oramos para que se nos excuse. Pereza innoble, descuidada indiferencia, y egoísmo malvado sellan nuestros sentidos para que veamos los derechos de Dios.

¡Oh! ¿Debe Cristo, la Majestad del cielo, el rey de gloria, cargar con la pesada cruz, llevar la corona de espinas y beber la amarga copa, mientras nosotros descansamos cómodamente, nos glorificamos a nosotros mismos y nos olvidamos de las almas por las que murió para redimirlas mediante su sangre preciosa? No; demos mientras podamos hacerlo. Hagámoslo mientras tenemos fuerzas para hacerlo. Trabajemos mientras dura el día. Dediquemos nuestro tiempo y nuestros medios al servicio de Dios a fin de recibir su aprobación y su recompensa.

Nuestro mayor conflicto es el yo

Nuestras posesiones en esta vida son limitadas, pero el gran tesoro que Dios ofrece en su don al mundo es ilimitado. Abarca todo deseo humano y sobrepasa nuestros cálculos finitos. En el gran día de la decisión final, cuando cada uno sea juzgado por sus obras, se hará callar toda voz que hable a favor de la justificación de sí mismo; porque se vera que el Padre en su don a la humanidad dio todo lo que poseía, y resultara evidente que los que han rehusado aceptar ese misericordioso ofrecimiento carecen de toda excusa.

No tenemos ningún enemigo exterior a quien debemos temer. Nuestro gran conflicto lo tenemos con nuestro yo consagrado. Cuando dominamos el yo somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amo. Hermanos míos, ahí está la vida eterna que debemos ganar. Peleemos la buena batalla de la fe. Nuestro tiempo de prueba no está en el futuro, sino en el momento presente. Mientras este dura, “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33) las cosas que ahora con tanta frecuencia ayudan a Satanás en sus propósitos sirviendo como trampas para engañar y destruir.

 

Principal | Creencias | Quienes Somos | Dirección | Recursos | Contáctanos

Usted es el visitante

....................................................................................................................

iglesiaeste@iglesiaeste.com

Página oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día del Este de Caracas
Dirección: Avenida Sanz, 3ra. Calle de El Convento, Urbanización El Marqués - Caracas - Venezuela
.................................................................................................................................................


Ésta página se visualiza mejor a 1024 x 768 pixels
Departamento de Comunicaciones de la Iglesia Adventista del Este © 2001 - 2008